Somos matricidas, entrevista al pintor y muralista Leo de la Rosa (leodelarosa.art)

Tarde fría de diciembre, Azbeth, Dana y yo caminábamos entre las calles angostas de Coyoacán con destino al comedor comunitario ”Belmont”, Dana nunca lo había visitado. $11 pesos por una comida completa con sopa, plato fuerte y agua simple, siempre puedes repetir o pedir para llevar. Antes de dar vuelta en el callejón San Miguel, un muralista da rápidas pinceladas verdes a los vacíos de un gran boceto en rojo y blanco que abarcaba la pared esquina de unos 10 metros por 3. El boceto revela a una mujer con astas, herida por una daga en el costillar; su falda verde despliega un collage de residuos que va desde cajas vacías, un vehículo chatarrizado, plásticos, ropa de fast fashion, hasta animales abandonados y hallazgos extraños que rompen la lógica del consumo, como drones de guerra y basura espacial. Al acercarnos más pude identificar su rostro y aquel recuerdo impactó mi mente: 2016, CCH Vallejo, era el mismo artista había hecho una exposición pictórica en mi escuela, desde entonces lo comencé a seguir en Instagram, él había realizado un mural a muchos metros de altura en uno de los históricos edificios de Tlatelolco, eso había sido lo último que supe de él por las redes.

—¿Tú te apellidas De la Rosa? 

—Leonardo. Me miró tratando de recordarme, desconfiado.

Le platiqué la anécdota de cómo había conocido su obra hace casi 10 años y recordó la ocasión de inmediato, nos compartió a los 3 los detalles de su nuevo mural y el simbolismo que había detrás, le pregunté si tenía algún título, me respondió que no tenía uno como tal, pero tenía pensado ponerle un título muy agresivo que tendría que ver con el matricidio. 

Me comuniqué con él por Instagram y al cabo de unos días volví con preguntas para documentar el encuentro. La solitaria calle resonaba con eco notas de un blues melancólico al estilo de Nina Simone, que rumoraba desde antes que diera vuelta a la esquina. El encuentro esta vez fue incluso afectuoso, sentada a un lado acompañaba Alex (hathor.alex), ilustradora, muralista y tatuadora, la confianza fluyó entre los tres. Bajó el volumen de la bocina y comenzamos con el diálogo

—¿Desde tus estudios iniciales ya tenías claro que el naturalismo y ciertos elementos surrealistas definirían tu estética, o fue a partir de la exploración de distintos estilos que ese eje se fue construyendo con el tiempo?

—Cuando era estudiante una vez sabiendo las técnicas de pintura, se nos pide desarrollar las temáticas de nuestra exploración artística, en su momento, yo la quería hacer de un tema bastante oscuro: a mí me tocó el sexenio de Calderón, en donde estaba toda la época de los descabezados descuartizados, las guerras contra el narco.

Todo el tiempo había  situaciones de violencia gráfica, incluso rumores sobre que ya asesinaron a no sé qué persona, dicho de conocidos aunque no lo vieras en las noticias u otro lado.

Toda esta violencia que permeaba ese entonces la empecé a reflejar en mi obra, no de una manera literal o gráfica, sino como alegórica. Mi regla en estas pinturas era no poner sangre directamente, ni violencia explícita sino utilizar la ironía y algunas veces, dichos populares mexicanos para hablar de esos temas.

No quería que nadie viviera esa violencia que yo iba a plasmar, más bien quería era expresar cómo yo la percibía, una de las pinturas más importantes que tuve en su momento era un autorretrato de mi oreja con una bala de nueve milímetros metida en el oído. Esa pintura se llamaba Rumores de violencia, que reflejaba toda esa situación que estamos viviendo. Había algunos autorretratos de mi cabeza, pero sin que explícitamente estuviera cortada ni nada. Solamente estaba flotando en el espacio con una leyenda y los dedos haciendo como la forma del amor y paz.

El que tú te dediques a un tema implica también que lo debas de investigar, consumir y poder representar, investigar también todas esas noticias me desgastaba emocionalmente mucho. Entonces era muy angustioso para mí estar hablando todo el tiempo de cosas negativas de la muerte, de descuartizados y cosas de ese estilo. Entonces me planteé en algún momento ¿qué era lo que sí quería hablar de México? ¿qué valía la pena del país en el que estaba viviendo y cómo lo podía representar en el siglo veintiuno?

Empecé como a voltear hacia las partes que sí me gustaban y de manera autobiográfica, mucho de mi trabajo en los inicios era de esa manera, como yo vengo del campo, de familias que plantaban maíz azul, también en peligro de extinción. La mayoría de mis familiares ya no se dedica a eso porque ya están muy viejos y sus hijos y nietos menos. Entonces empecé a hacer retratos de tradiciones que tenía a la mano de mi comunidad, me di cuenta que el común denominador que tenían todos eran las plantas, el maguey, el maíz, las flores de campo, me empezó a gustar pintar animalitos también.

En alguna ocasión me invitaron a tomar una clase de yoga en el desierto de los Leones, muy interesante porque esta maestra lo que quería era que tomáramos la clase al aire libre en medio del bosque, sin ningún tipo de redes telefónicas ni nada, estábamos muy concentrados respirando el aire fresco, escuchando las aves, eran muy relajantes esas situaciones. Una vez nos pidió ayuda para voluntariamente limpiar los corrales de una UMA (Unidad de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre) de venado cola blanca que existe ahí. La mayoría de las personas sabe que hay animales pero no saben dónde. Los venados cola blanca que son del Valle de México este tienen una UMA de recuperación de especie en el desierto de los Leones. En ese entonces estaba pasando por una situación bastante difícil emocionalmente paralelamente en cuestión de mi arte, no sabía qué pintar porque no me estaba llenando mucho lo que estaba haciendo acerca de mis tradiciones personales del pueblo donde yo nací. Como que se quedaba de alguna manera en la tautología de hablar acerca de lo que vivo, no una ilustración de eso. Entonces no sentía que tenía un discurso. Cuando empecé a ayudar a los venados a limpiar sus corrales y alimentarlos me empecé a dar cuenta que ellos tenían muchas carencias en cuestiones de comida, de medicinas. Cuando nacían nuevas crías, regresaba en los siguientes días y de cinco crías nuevas que habían nacido, sobrevivían dos, al averiguar el por qué veíamos que no tenían medicamento o el entrecruzamiento genético ya no estaba dando la suficiente resistencia biológica para que pudieran sobrevivir, se morían de frío porque no tenían condiciones adecuadas en sus corrales, alimento suficiente o nutrientes.

Veía que no nada más los venados, sino otras especies del bosque como pájaros carpinteros, tejones, teporingos lo padecían, incluso existía un ajolote de montaña único en su momento, extremadamente raro con anillas doradas que se estaba tratando de recuperar, pero por las condiciones, la acidez del agua y por todo el comercio que había alrededor, no se podían liberar. Todas esas situaciones me hacían ver que los problemas emocionales, personales, económicos que yo tenía no eran absolutamente nada comparado con lo que ellos padecían, puesto que ellos no podían pararse y moverse o gritar que tenían hambre o que se les estaban muriendo sus hijos. Entonces mi misión de alguna manera se convirtió en hablar por ellos. Empecé a crear pinturas acerca de los venados para venderlas y ese dinero donarlo al veterinario para comprarles medicinas o comida. Esto se convirtió después en una colección de pinturas, una exposición individual y después invité a más artistas para que se creara un festival en torno al venado y a las especies del bosque.

Empecé a generar proyectos alrededor del tema y fue ahí donde entendí mi misión, hablar de quienes no tienen voz en conjunto: las plantas, animales, toda la microbiota, la macrobiota. A todo lo que existe de vida en el planeta le dí el rostro de la Madre Tierra, que en todas las culturas, desde que la humanidad es humanidad se le ha dado forma de mujer, es nuestra Madre. Entonces, todos los derivados, en todas sus formas de existencia en el planeta, son nuestros hermanos y generan el personaje de la Madre Tierra. Yo le he dado el rostro de Elisa Ramos, que es la primera solista de la Compañía Nacional de Danza. En algún momento coincidimos en diálogos, le platiqué el proyecto y le gustó bastante que pudiera utilizar su rostro para representar esta forma en la que nosotros tratamos a nuestra naturaleza, positiva o negativamente. Siempre que la pinto es en festivales o en proyectos libres, donde no estoy beneficiándome para que también no haya alguna especie de conflicto por derechos de autor con su imagen. Mi misión es llevarla a todas partes a las que voy en México y en otras partes del mundo como representante de la Madre Tierra, todos sus animales, hijos y hermanos de los que nos servimos y que hay que proteger, de eso se trata.

Personalmente, si bien me dedico a esto, también me duele mucho, soy muy emocional en el trabajo artístico, cada vez que estoy trabajando y pintando también tengo que investigar y ver cuáles son las problemáticas que viven en los los espacios naturales en los que voy a ir a trabajar, como en el mar, en los manglares o el desierto, por ejemplo donde estamos trabajando ahorita, que es el el Valle de México, la urbe más grande de todo el país, toda la cantidad de huella de carbono y desechos que generamos nosotros los trato de reflejar en este mural. A la hora de estar haciendo estos personajes yo meto muchísima emoción para que genere esa sensación que yo siento también y poderla transmitir al espectador, entonces si hay algún personaje que me generó tristeza o mucha indignación por haberlo investigado y plasmarlo, quiero que también la gente lo vea y lo sienta para que tenga esa empatía.

La suave música es ahogada por el coro de aves que acompañan el discurso naturalista de Leo como si de una tribuna se tratara. Durante la entrevista, su tren discursivo detiene un par de veces por el violento estrépito que causa una construcción a tres casas, una batalla por el ambiente sonoro se libra. 

—¿Consideras que el mural, por su presencia en el espacio público, es una expresión más política que el lienzo, o crees que ambos formatos tienen la misma carga de denuncia? 

—Totalmente, la diferencia con con otro tipo de artes es que éstas se tienen que ver en recintos especializados como galerías, teatros, estudios de danza. El mural es público. De magnitudes masivas y son en la calle, en foros, en lugares que sí o sí se tienen que ver. A diferencia de otras artes donde puedes hablar de lo que tú quieras: cosas muy agresivas, políticas, verter toda tu malicia como ser humano o tus perversiones hacerlas lo más grotesco, escatológico que tú quieras, a la gente si no le gusta simplemente no entra a la galería o cierra el libro, apaga la tele o alguna otra cuestión. 

Pero en el mural no, el mural está ahí para todos, a menos de que alguien invierta sus pesos en comprar pintura y censurarlo éste es público, no puedes no ver por donde caminas y eso implica también que nosotros tenemos una responsabilidad mayor a otro tipo de representación artística. Tenemos que pensar en el otro, en otras artes el discurso es personal, el desarrollo y expresividad la ponemos a nuestro gusto, a nuestra manera y si alguien no le gusta, simplemente pasa de largo y aquí no, tenemos que pensar en la mirada del otro, el contexto espacio temporal en el que estamos expresando nuestro trabajo artístico, ver en dónde se está ubicando, en qué momento, qué tipo de elementos estamos utilizando, si son anacrónicos o son contemporáneos o si estamos atacando a una persona específico, a alguien que todo el mundo conoce o es un chiste local, entonces es totalmente político, tiene que serlo porque nuestra postura en estas situaciones no puede ser libre, si lo hacemos desde una postura artística como de que no me importa el qué dirán, no estamos haciendo muralismo completamente, sino estamos ocupando los lienzos de alguien más, o sea, el muro de alguien más para ir a justificar nuestras pasiones, voluntades y perversiones.

—Leo, ¿podrías platicarnos sobre este mural que estás realizando?

—Este proyecto que se llama Vecindad Murales, nace de varios compañeros que también son muralistas en un espacio aquí en Coyoacán, se nos invita a algunos compañeros muralistas que nos dedicamos a la generación de proyectos pictóricos con causa y con temas específicos a dejar también alguna de nuestras obras para la comunidad en general de aquí del espacio. Yo tengo el tema del medio ambiente y se me permite también hablar libremente de mis inquietudes, mis preocupaciones y mis anhelos. 

Lo que estoy representando es una madre tierra que está en una posición adolorida, recostada sobre su espalda en el concreto, se retuerce a sí misma y tiene en el vientre una espada pequeñita atravesándole sus costillas. Esta espada es una espada romana, aún no tiene nada escrito, pero va a llevar ahí unas letras en latín de un nombre, toda su falda que es lo que se extiende a más de la mitad del muro. Está representando como las plantas, el musgo. De alguna forma el color del color verde de la naturaleza y está llena de basura. Los colores de las luces y las sombras empiezan a generar una suerte de objetos como autos, cajas, animales abandonados, plásticos, ropa fast fashion, comida rápida, niños abandonados en la calle y que se quedan a su suerte empiezan a buscar alimentos o algo para vender, algunos otros objetos más extraños como drones de guerra, zapatos de coleccionista, libros como bíblicos, basura espacial. 

Varias cuestiones ahí que representan al final, cómo todo nuestro consumismo y la huella de carbono que generamos como humanidad va a generando al final una aglomeración de tonos y colores para que se cree la ilusión de que es una falda hecha de musgo y plantas. Falta poner todavía algunas plantas salvajes que luchan por sobrevivir en las banquetas o en espacios hacinados de la urbe. Y al final, esta espada que está atravesando al personaje de la Madre Tierra, está inspirada en uno de los personajes históricos más polémicos de la humanidad que es Nerón, que en su momento, para poder reinar él en su imperio, tuvo que mandar a matar a su propia madre, porque necesitaba librarse de ella para poder quedarse con el reinado. Entonces aquí estoy haciendo un símil entre que nosotros que al ser hijos de la Madre Tierra, estamos asesinando a nuestra madre para podernos quedar con todo el enseñoramiento cristiano-católico que se piensa que está al servicio de nosotros y quedarnos con toda la tierra pero al final el asesinar a nuestra madre es una sentencia de suicidio a final de cuentas porque no podemos vivir sin ellos. 

La espada que está atravesando al personaje representa nuestra hambre de poder y la ilusión de dominación. Somos esos hijos asesinos que llenamos de basura todo nuestro hogar. 

—¿Crees que los murales deberían contar con una cédula explicativa, o prefieres que el espectador interprete libremente la obra, como sucede a veces en una galería?

—Vivimos en un momento en el que la inmediatez del consumo ha afectado nuestra capacidad de retención, incluso hasta cognitivo, como del TikTok, nuestro consumo de información es de menos de quince segundos.  

Entonces de alguna manera considero que las artes, deben de invitar a las personas a reflexionar en algún punto más allá de solamente verlo. Esto yo sí considero que sea en segundo plano porque el primer plano, esto es algo muy personal, considero que el primer impacto debe de ser sensorial. El arte no se dedica a generar conceptos, no se dedica a generar el nombre y las estructuras de cómo funciona el mundo. Eso lo hace la literatura, lo la ciencia, la filosofía genera conceptos, nombra las cosas a partir de el estudio y el fenómeno de lo que está sucediendo en la existencia, pero el arte creo que debe de hablar de cómo nos afecta, porque son las tres bases principales de cómo el ser humano genera conocimiento la filosofía, la ciencia y las artes.

No hablamos sobre conceptos, hablamos sobre las afecciones del mundo, la fenomenología en la que estamos inmersos y no podemos escapar hasta el día de nuestra muerte, Cómo nos afecta emocionalmente positiva o negativamente. Lo primero que debemos de hacer como creadores artísticos es generar una emoción, a veces de ternura, a veces de mucha angustia, o sensaciones mucho más abstractas.

—Leo, recuerdo que hace unos diez años, cuando estudiaba en el CCH Vallejo, presentaste la exposición Por ti, donde ya aparecían muchos de los símbolos que hoy vemos en tu obra, como el maíz, las astas doradas y la conexión con los venados y la naturaleza. En este tiempo, ¿qué transformaciones has notado en tu trabajo y cómo imaginas que evolucionará hacia adelante? ¿Crees que esta temática es un eje que te acompaña de forma permanente o podríamos ver en el futuro un cambio radical de temas según lo que vivas, sientas o pienses?

—Fíjate que creo que es al revés. Lo que pasó en la exposición que me comentas, fue un cúmulo de imágenes en donde hacía una autoexploración, las obras eran autorretratos, más allá del tema de la egolatría era todo lo contrario, no sabía quién era, al verme vacío a mí mismo, trataba de llenarlo con todo lo que había a mi alrededor, había perdido el rumbo tanto artístico como como personal, me cuestioné qué quería construirme o si pretendía dedicarme al arte al final.

Entonces esta exploración se convirtió en eso, te digo. Empecé a generar todos estos proyectos de autorretratos para descubrir quién era en a lo largo de todas esas imágenes.

A hacer el ejercicio de preguntarme ¿por qué pinté esto? darme cuenta que estaba repitiendo este personaje, este elemento. ¿qué significa? ¿por qué lo estoy poniendo?

Entonces empecé a concientizar todos estos elementos y reproducirlos para decir: cuando pinte esto es porque estoy preocupado, o porque estoy triste o porque estoy muy extasiado de felicidad. Estos simbolismos los fui haciéndolos parte de mí, de mi biografía personal, pero ahora ya los podía reproducir en otro tipo de personajes o situaciones que no necesariamente era la autoexploración.

En el momento en el que yo entro a la jaula de los venados, es cuando me di cuenta de que no debía estarme explorando a mí mismo. La construcción de mi persona se iba a dar a partir de la forma en la que iba a actuar con mis congéneres en este caso era con los animales.

De alguna manera, mi relación con la humanidad, con mi familia, con mis compañeros de trabajo o de escuela y así pues no me generaba la satisfacción que me que me podía dar al al servir yo a los animales. Empecé a construir mi forma de ser, de pensar, de sentir, ayudando a los otros, pero no a cualquier otro, sino a los que no podían hablar o defenderse.

Pero como no es un tema que vaya a acabar y que las voluntades del de los gobiernos, ni incluso de las personas quieran cambiar a partir del consumismo o la relación que tienen con otras especies. Voy a seguir hablando de eso por siempre.

He pintado animales que ya ni siquiera existen, que en su momento había pocas especies.

Hay un registro como de diez vaquitas marinas en estado de recuperación, ese registro tiene como dos años, entonces ahorita quedarán tres o cuatro, prácticamente ya están extintas, entonces en su momento pinté esa vaca marina porque dije pues lo voy a retratar a manera de las pinturas del pájaro dodo, nuestros hijos y nuestros nietos no van a saber que existían.

Ya me ha tocado ir a festivales de muralismo en otras comunidades, en otros estados de pintar animales que los niños ya ni siquiera saben que existen a pesar de que eran animales que vivían en sus mismas comunidades. La caza furtiva y el desplazamiento de los cultivos lo que los ha obligado a este a irse mucho más lejos o de plano extinguirse.

Es lamentable para mí de alguna forma porque todo lo que pinto me afecta emocionalmente, pero siento que si no lo hago de esa forma nadie lo va a concientizar o a sentir.

—Muchísimas gracias Leo, ya te robé bastante tiempo de tu trabajo. Muchas felicidades por toda la trayectoria que has tenido, fue un golpe de suerte volvernos a encontrar.

—Muchísimas gracias a ti.

El sol se oculta en la esquina del callejón San Miguel, Leo acomoda pequeños baldes de pintura, pinceles y brochas en un huacal y los lleva al zaguán de los dueños de la casa, abren la puerta y coloca el conjunto en su cochera, los 3 nos despedimos y caminamos hacia el Museo de las Intervenciones. Me presentan a Antonio que coordina el proyecto Vecindad Murales, intercambio mi número con él y continuamos el recorrido. Antes de despedirnos Leo y Alex me dan un breve tour por otros 3 murales de camino al metro. La luz ya casi es nula y casi pudimos apreciar todo el detalle y mensaje detrás de aquellas potentes intervenciones. 

Mi camino al comedor comunitario Belmont y el regreso a casa desde la Facultad de Música se ha transformado. Ahora los muros de la San Diego Churubusco hablan, gritan o dialogan sobre temas diversos, de la relación que tenemos con la naturaleza, de lo que dejamos a nuestro paso y de cómo cohabitamos una ciudad. Una nueva oportunidad para seguir observando y cuestionando nuestro entorno y nuestra identidad metropolitana.